LA CARRETERA – CORMAC McCARTHY

Inquietante y lúcida, la última novela del gran Cormac McCarthy tiene como escenario un terreno baldío, un páramo carbonizado que es lo único que queda de lo que alguna vez fue Norteamérica. Ya no existe más vida sobre la tierra que la humana y los hombres se comen los unos a los otros. Un padre y su hijo recorren este mundo apocalíptico sin saber cuál es su destino. El protagonista recuerda los viejos tiempos, pero no sabe con certeza si esa memoria no es más que un mito, una necesidad de crear una historia fundacional que dé sentido a la desolación que le rodea.

Una demoledora fábula sobre el futuro del ser humano, destinada a convertirse en la obra maestra del autor.

Cormac McCarthy: El escritor oscuro

por Imma Muñoz

La lechosa luz de un flexo ilumina esta escena. El hombre está sentado en una desvencijada silla de despacho, con el cojín raído y una rueda tonta. Ante él, una mesa de fórmica barata, coronada por una máquina de escribir inexplicable en estos tiempos de gigas y píxels. El hombre teclea febrilmente, poseído; aporrea la máquina con la boca fruncida, los ojos desorbitados, la espalda en tensión, la respiración acelerada. De pronto frena en seco, relaja la espalda, se reclina en la silla, centra la vista en el papel y lee. Su mirada se estrella en la desnuda pared que tiene enfrente: las entrañas se le acaban de filtrar por las yemas de los dedos para convertirse en letras de molde, y su cerebro está tan exhausto como si acabara de resolver el teorema de Fermat. Aunque él no ha resuelto nada, sólo ha hecho preguntas, muchas preguntas que se resumen en una sola: ¿de qué está hecho el hombre?

Hasta que, en febrero de 2008, se paseó por la alfombra del Kodak Theatre en la gala de entrega de los Oscar y dinamitó el tópico, ésa era la imagen que cualquiera de los lectores de Cormac McCarthy podía hacerse del autor de obras tan excesivas como El guardián del vergel (1961), La oscuridad exterior (1968),  Hijo de Dios (1973), SutreeMeridiano de sangre (1985). ¿Qué tipo de individuo podía escribir con esa prolijidad sobre una América rural en la que la placidez de la naturaleza convivía con el incesto, la necrofilia y la violencia más soterrada y gratuita?

La oscuridad en torno a la figura de McCarthy, además, acrecentaba el mito. Los escasos lectores interesados en su universo (no importa que Harold Bloom lo situara entre los mejores novelistas norteamericanos de su tiempo, junto a Thomas Pynchon, Don DeLillo y Philip Roth: su obra fue durante décadas muy minoritaria) apenas sabían de él que había nacido en Providence (Rhode Island), en 1933; que se desvinculó pronto de la órbita de su padre, un abogado bien situado; que sirvió al ejército una temporada en Alaska (hasta 1957), y que 20 años después, buscando de nuevo los territorios salvajes, cambió el hielo por el fuego de El Paso y vivió a salto de mata en moteles y cuchitriles varios de la ciudad texana. Por el camino, se había casado dos veces, se había divorciado otras tantas y había dejado una obra con tintes faulknerianos. No en vano, su primer editor, que siempre confió en él pese a las exiguas ventas, fue Albert Erskine, el hombre que guió los pasos de quien mejor supo atrapar la esencia sureña.

En 1992, un libro iba a suponer un punto de inflexión en la vida de Cormac McCarthy: Todos los caballos hermososTrilogía de la Frontera que empezó con esa obra: En la frontera (1994) y Ciudades en la llanura (1998). La desmesura daba paso a una elocuente contención, y Hollywood llamó a su puerta: Todos los caballos hermosos se adaptó como guión de cine. El primero pero no el último. Fue su siguiente novela, No es país para viejos (2005), convertida en un éxito del celuloide por los hermanos Coen, la que le dio el pasaporte a la alfombra del Kodak Theatre, y la que hizo de un autor casi desconocido un objeto del deseo de la prensa, los productores y la crítica internacional. Tuvo una acogida inesperada y le hizo merecedor del National Book Award, que, si bien no logró catapultarle a las listas de éxitos, sí que le permitió abandonar las estrecheces de escritor romántico. Otros dos libros completarían la

La carretera, publicada en 2006 y ganadora del Pulitzer 2007, es su consagración definitiva, el triple salto mortal como escritor y como individuo: ventas millonarias, críticas que hablan de clásico del siglo XXI y el fin del anonimato. Es lo que tiene aparecer en el salón de lectura de Oprah Winfrey. Y que Viggo Mortensen haga carne a ese padre que lucha por la supervivencia y contra la deshumanización, y que, en medio de la catástrofe nos lanza un mensaje de esperanza: que no está todo perdido, ni en el asfalto ni en la biblioteca. Nos queda McCarthy.

Editoral: DEBOLSILLO
Lengua: Español
ISBN: 9788483468685
Nº de páginas: 216
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