UN PUNTO AZUL PÁLIDO – CARL SAGAN

UN PUNTO AZUL PÁLIDO: UNA VISIÓN DEL FUTURO HUMANO EN EL ESPACIO

La obra más completa de divulgación científica de todos los tiempos.
En Un punto azul pálido, Carl Sagan prosigue el espectacular viaje científico que inició Cosmos, el libro que hizo descender a la Tierra la magnificencia del universo, haciéndola accesible a millones de personas. Cosmos ha sido el libro científico más vendido de la historia.
En esta continuación de Cosmos, Carl Sagan, ganador del Premio Pulitzer nos brinda una emocionante visión del universo, ilustrada profusamente.
Un punto azul pálido” revela cómo la ciencia ha revolucionado nuestra comprensión de dónde estamos y de quiénes somos, y nos desafía a que valoremos de qué manera vamos a utilizar esos conocimientos.

Mi abuelo, que nació antes de que las ondas de radio fueran ni siquiera una curiosidad de laboratorio, vivió casi lo suficiente como para ver el primer satélite artificial contemplándonos desde el espacio. Hay personas nacidas antes de que existiera nada parecido a un avión que vieron en el crepúsculo de sus vidas cómo eran lanzadas cuatro naves rumbo a las estrellas. Con todos nuestros fallos, a pesar de nuestras limitaciones y falibilidades, los seres humanos somos capaces de lograr la grandeza. Eso es válido para nuestra ciencia y para algunas áreas de nuestra tecnología, para nuestro arte, música, literatura, altruismo y compasión, e incluso, en raras ocasiones, para nuestra política. ¿Qué nuevas maravillas jamás soñadas en nuestro tiempo serán labradas en otra generación? ¿Y en otra? ¿Hasta dónde habrá caminado nuestra especie de nómadas a fines del próximo siglo? ¿Y al finalizar el próximo milenio?

Dos mil millones de años atrás nuestros antepasados eran microbios; quinientos millones de años atrás, peces; cien millones de años atrás eran parecidos a los ratones; y hace un millón de años, protohumanos intentando domesticar el fuego. Nuestro linaje evolutivo está marcado por la supremacía del cambio. En nuestro tiempo, el ritmo se está acelerando.

La primera vez que viajemos a un asteroide cercano, habremos penetrado en un hábitat que puede cautivar a nuestra especie para siempre. El primer viaje de hombres y mujeres a Marte constituye el paso clave para transformarnos en una especie multiplanetaria. Estos acontecimientos son tan trascendentales como la colonización de la tierra por nuestros antepasados anfibios y el descenso de nuestros antepasados primates de los árboles al suelo.

Los peces, provistos de rudimentarios pulmones y aletas poco adaptadas para caminar, debieron morir en ingentes cantidades antes de poner un pie en firme sobre la tierra. A medida que las selvas retrocedían lentamente, nuestros antepasados bípedos parecidos a los simios se escondían a menudo entre los árboles, huyendo de los predadores que acechaban en las sabanas. Las transiciones fueron dolorosas, se prolongaron durante millones de años, y fueron imperceptibles para los que se hallaban involucrados. En nuestro caso, la transición ocupa solamente unas cuantas generaciones y comporta solamente la pérdida de un puñado de vidas. El ritmo es tan vertiginoso que apenas somos capaces de comprender lo que está ocurriendo.

En cuanto nazcan los primeros niños fuera de la Tierra; cuando tengamos bases y puestos en asteroides, cometas, lunas y planetas; cuando vivamos de la tierra y eduquemos nuevas generaciones en otros mundos, algo habrá cambiado para siempre en la historia humana. No obstante, habitar otros mundos no implica abandonar éste, al igual que la evolución de los anfibios no significó el fin de los peces. Durante muchísimo tiempo solamente una pequeña porción de nosotros estará ahí fuera.

En la moderna sociedad occidental, escribe el estudioso Charles Lindholm, la erosión de la tradición y el colapso de las creencias religiosas aceptadas nos deja sin telos (un fin por el que luchar), una noción santificada del potencial de la humanidad. Privados de un proyecto sagrado, nos queda solamente una imagen desmitificada de una humanidad frágil y falible, que ya no será capaz de alcanzar la condición de dios.

Opino que es muy saludable —en realidad es esencial— que tengamos bien presente nuestra fragilidad y falibilidad. Me preocupa la gente que aspira a ser como un dios. Pero, en lo que hace referencia al objetivo a largo plazo y al proyecto sagrado, sí tenemos uno ante nosotros. De él depende la propia supervivencia de nuestra especie. Si hemos estado encerrados bajo llave en una prisión del yo, aquí se nos brinda una trampilla para escapar, algo que vale la pena, algo mucho más grande que nosotros mismos, un acto crucial en beneficio de la Humanidad. Poblar otros mundos unifica naciones y grupos étnicos, liga a las generaciones y requiere de nosotros que seamos inteligentes y sensatos a la vez. Libera nuestra naturaleza y, en parte, nos devuelve a nuestros comienzos. Incluso ahora, este nuevo telos se halla a nuestro alcance.

El pionero psicólogo William James denominó religión al hecho de «sentirse en casa en el universo». Nuestra tendencia ha sido, tal como he descrito en los primeros capítulos de este libro, fingir que el universo es como quisiéramos que fuera nuestro hogar, en lugar de poner en duda nuestra noción de qué hay de hogareño en abrazar el universo. Si al considerar la definición de James estamos pensando en el universo real, entonces no poseemos todavía ninguna religión verdadera. Eso queda para otra época, cuando el aguijón de las grandes degradaciones haya quedado bien atrás, cuando estemos aclimatados a otros mundos y ellos a nosotros, cuando nos estemos extendiendo hacia las estrellas.

El cosmos se proyecta, a todos los efectos prácticos, para siempre. Tras un breve hiato sedentario, estamos recuperando nuestro antiguo estilo de vida nómada. Nuestros descendientes remotos, instalados bien seguros en muchos mundos del sistema solar y más allá, estarán unidos por una herencia común, por la estimación hacia su planeta y por el conocimiento de que, aunque el universo pueda albergar otra clase de vida, los únicos humanos en toda su extensión proceden de la Tierra.

Mirarán hacia arriba y se esforzarán por localizar el punto azul en sus cielos. No por ver su oscuridad y fragilidad lo amarán menos. Se admirarán de cuan vulnerable fue en su día el depositario de todo nuestro potencial, cuan azarosa nuestra infancia, cuan humildes nuestros comienzos, cuántos ríos tuvimos que cruzar antes de encontrar nuestro camino.

Encuadernación: Tapa dura
Editoral: PLANETA
Lengua: Español
ISBN: 9788408059073
Nº de páginas: 448
Esta entrada fue publicada en CIENCIA, ENSAYO y DIVULGACIÓN y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.